söndag 4 maj 2008

China, la del Presidente Mao, te acogió en el auge turbulento de la revolución mundial; volviste la misma pero mejor y desde entonces indeclinablemente maoista. Lima, Cajamarca y Ayacucho de nuevo supieron de tu servir al pueblo de todo corazón. Y otra vez densos años de trabajo y lucha con campesinos, mujeres y estudiantes rompiendo el cerco sanitario de quienes pretendieron aislarnos; y más tenaz aún defendiendo al Partido de los derechistas liquidadores que lo destruían. Eras constancia y firmeza de la Fracción y promesa del Comité Central en el II Pleno, y una bandera roja desafiante contra el viento.