tisdag 20 maj 2008

Poesía senderista

Junio 19

1986


Las fosas comunes y Uchuraqay,
parecían ya páginas volteadas,
como aquélla, la de la Once.


El risueño jifero,
ansiaba con afán
terminar el corte
con tajo preciso.


El informe de los tres notarios,
(entre ellos un escribidor)
sostuvo que no fue el Ejército
sino Juan Cancho,
el ejecutor del designio fatal.


El balance fue negativo
pese a hábil contabilidad:
quema de presos de guerra,
bombardeos a aldeas y villorrios,
hambre y miseria general.
Más el robo autorizado.


Nada en el haber de hoy,
como tampoco en el de ayer


A la sombra de la catedral
lavó sus manos impías,
y con tembloroso gesto
cedió la banca a García,
quien sin esperar
la segunda vuelya,
subió ligero al altar.


Como nuevo capellán,
desde un raudo tsukoj
vio candelas avanzar,
de los departamentos sureños
a las praderas vecinas,
amenazando alcanzar
las eternas cordilleras.


Aterrado por el resplandor,
buscó mas iluminación.


Tres días rezó al demiurgo
y otras tres a belcebú
Uno y otro ausentes
desde tiempo inmemorial.


Una disyuntiva quedo:
Ir con la burguesía compradora,
o con la burguesía burocratica.


Escogió marchar con el amo.


Adonde llegaba solía decír:
soy gaucho o Mahatma,
Zapata, Alí Babá o el rey,
católico romano, nudéjar,
no alineado o sueco.
(todos sabían lo que era).


A tal horizonte,
tomò una determinación.
Consultó al alcalde y al ex,
los del Comando Conjunto,
al piadoso Cardenal,
a las Cámaras de Diputados,
a los ancianos Senadores,
a la izquierda diestra,
al Fiscal de la Nacioón,
y a los dóciles Ministros,


Estos sin excepción,
aprobaron el plan.


La fecha se escogió
con mucha anticipación.


Asi lo supieron:
las novias, las madres,
los hermanos menores,
los fatigados padres,
el pueblo entero.
Y los que mañana
tenían que morir.


La televisión
pasó en detalle
(sin censura ni corte),
el largo metraje.


A la mesa de consagración,
asistieron todos
los de la cofradía,
entre tazas de café,
vasos de whisky y vodka,
así como aquéllos,
que en sus aposentos
salpicaron la cama,
con la sangre de trescientos.


Abrazaban o telefoneaban
cálida felicitación
al aprendiz de fuhrer,
por el olímpico record
a tan temprano amanecer.


El Santo Grial
colmado de hiel,
pasó de boca en boca,
sellando una Alianza
y satisfaciendo la sed.


Hubo otros invitados:
las Sociales Democracias,
y los tramoyistas de siempre


La función terminó pronto
Simulando sonrojo
liaban maletas.
y en lengua diplomática,
quisieron lanzar un No
a la barbarie,
pero dijeron Si.


Los jueces foráneos
se marcharon con las medallas,
que los del comando
en sus solapas colgaron.


A las pocas horas,
la faz de los sacrílegos
era una mueca de terror.


El concilio de la zurda
emitió ortoxa bula:
cruz para los muertos,
y hosanna para el verdugo.


El fariseo buscó
actores de última hora,
mas el pueblo conocía
quién era el asesino.
"Se van ellos,
o me voy yo".


Los generales de etrella
que jamás ganaron
guerra alguna,
endosaron la culpa,
a generales hermanos
de mediana talla.
Pero el pueblo conocía,
de quién era el brazo
y quién lo mandaba


Cien estrellas
daría el Comando General,
porque uno sólo de ellos
cantando fuera al combate,
como cantó el guerrillero.


El pueblo no va a olvidar:
El Frontón, Callao y Lurigancho.


Su memoria omnimoda
ha señalado en el calendario,
las sucesivas fechas
de los descuentos a vencer.
Lo sabe el asesino,
y lo conocen también
los candidatos del futuro.


Hoy, otros
trescientos selectos,
se suman al acervo
de los inmarcesibles héroes,
que el pueblo aguarda
con mística unción.


Cantan cuando vienen
Cantan cuando se van.
-Madre, con ellos me voy.


-Padre, no me esperes.
El son está en el alba,
allá me voy.


-Vamos, hermana querida,
con el canto y el fusil.


En la Nueva República,
el Perú entero cantará.
Hoy cantan cuando vienen.
Y cantan cuando se van,
Y no hay quien pueda
callar su canto.

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