DESTIERRO
27 de enero de 1945
Vivo entre abruptas
y desnudas rocas,
sobre cálidas arenas,
bajo brumas y desconsuelos,
junto a corrientes de odio y lodo.
Con el tiempo
que alarga mi condena,
y la fiera
que en el zarzal muge.
Con el viento
que iracundo silba,
cuando me trae una pena,
cuando me quita una alegría.
Prisión de rocas y arenas,
lerdo correr de los años.
Rosario de mil cuentas,
en noches sin mañanas.
Rincón solitario
de fatídico paisaje,
con lágrimas que corren río abajo.
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